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Vivir con la libertad amenazada

Salta está cambiando, lamentablemente para peor. Las prácticas mafiosas ya son monedas corriente, antes parecían estar circunscriptas a cuestiones del hampa, pero ahora estas prácticas se contagian como el peor de los virus y está alcanzando a todos los niveles de la sociedad.

Ahora le tocó el turno al encuestador político Benjamín Gebhard, que fue blanco de amenazas y amedrentamiento al más puro estilo mafioso.

Gebhard fue contactado por un sujeto que le solicitó un presupuesto para una encuesta. Después de un intercambio de mensajes, el consultor empezó a sospechar que algo no estaba bien y buscó el nombre del interlocutor en la web. Al no encontrar resultados, buscó la imagen del perfil de la cuenta y descubrió que pertenecía a un periodista de España. Al saberse descubierto, el interlocutor empezó a insultar y amenazar a Gebhard, y luego le hizo saber que sabía dónde vive y que pronto recibiría un «regalo». Horas después, cumplieron la amenaza y le rompieron el auto. La situación fue denunciada en la policía.

Más allá de los distintos llamados que recibió Gebhard expresando preocupación y solidaridad, prácticamente de todo el arco político provincial, este hecho debe indefectiblemente interpelar a quienes hoy tienen distintos niveles de responsabilidad pública, especialmente a aquellos con responsabilidad de gestión.

En Salta existe la sensación clara y concreta que al Gobierno y sus socios no les gustan las preguntas de algunos de los periodistas, hacen conferencias de prensa con listas selectivas de medios y periodistas, los dirigentes políticos obedecen a pies juntillas cuando esta la orden de no hablar con determinado medio o periodista.
El Gobierno de la presunta transparencia ejercen con singular brutalidad la censura y el apriete liso y llano sobre medios y periodistas.

Estos mensajes y actitudes son recibidos por el conjunto de la sociedad, que ve los modelos a seguir, observa y analiza la impunidad, y siempre aparece algún libre pensador que pretende ser más papista que el Papa.
Los liderazgos débiles o que se sostienen solo con el poder del billete son los que generan que aparezcan rezagados.
Los gobiernos autoritarios quieren conservar el poder por encima de todo, y como la mayor parte no solo son increíblemente corruptos, sino también incompetentes, deben evitar que la ciudadanía reciba información.
Nuestra libertad está bajo amenaza, en todos esta la obligación de cuidarla.

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