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Un acto setentista, en blanco y negro

En su discurso en la Plaza de Mayo, la ex presidenta Cristina Kirchner dejó en evidencia una retórica anclada en el pasado y carente de propuestas concretas para el presente y el futuro de Argentina. A pesar de su habilidad oratoria, su intervención resultó un tanto patética y melodramática, con un tono que oscilaba entre el de una caribeña telenovela de la siesta y el lamento eterno que siempre ha caracterizado sus discursos, incluso cuando recurre al insulto.

Más allá de consideraciones políticas, resulta cuestionable la elección de vincular el acto en Plaza de Mayo con el recuerdo de hace medio siglo, cuando Héctor Cámpora asumió la presidencia en un contexto de desbordamiento guerrillero. Esta unión entre medio siglo de historia peronista y la liturgia del evento revela una sorprendente candidez.

La imagen de la Vicepresidenta rodeada de seguidores incondicionales, quienes asentían y aplaudían automáticamente, evocó los balcones de Isabel Perón y al Brujo López Rega. Esto rememora una época en la que la sociedad argentina, alejada de la militancia, observaba cómo se escapaba su propio futuro.

En su discurso, Cristina Kirchner se enfocó casi exclusivamente en el pasado, sin abordar de manera sustancial la realidad actual. Evocó la Argentina pre kirchnerista como un país sumido en el caos, con empresas nacionales en manos extranjeras y una supuesta falsa dolarización, obviando que fue un presidente peronista, Carlos Menem, quien promovió la venta de empresas y la dolarización, elogiado en su momento por Néstor y Cristina Kirchner. Estos ataques superficiales y humillantes generan aplausos en el kirchnerismo, al igual que lo hacían las bravatas de López Rega en su época.

Después de medio siglo, cabe preguntarse si la sociedad argentina no merece un discurso político distinto, una forma de persuasión y convencimiento que, según Perón, constituye el arte de la política. ¿No merece el peronismo algo más?

CFK dirigió su discurso únicamente a sus seguidores, a una audiencia que no requiere ser persuadida ni convencida. Por eso, su incursión en el pasado se detuvo en 2019, cuando Alberto Fernández asumió la presidencia, impuesto por su dedo a través de WhatsApp.

La ex presidenta habló de un pasado que ella lo considera esplendoroso, pero no ofreció ninguna idea concreta sobre cómo recuperarlo y devolverlo a la sociedad. Durante su gobierno, el valor del dólar pasó de sesenta y tres pesos a casi quinientos en cuatro años, pero la Vicepresidenta no profundizó en esta realidad. A sus pies, la multitud entonaba estribillos setentistas de dudosa relevancia, excepto por uno: «Patria sí, colonia, no». Sin embargo, hasta los colonialistas renuncian a tener colonias.

Vetusto, con fotos en blanco y negro, y nada más. Es todo lo que ofreció CFK.

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