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Pelusa Liendro, una historia de lucha y resistencia

En un histórico día de noviembre de 2004, Pelusa Liendro, junto a un grupo de amigas travestis, dio inicio a la I Marcha del Orgullo en la ciudad de Salta. Con valentía y determinación, estas treinta valientes personas marcharon desde el barrio Hernando de Lerma hasta la comisaría más cercana, enfrentándose a la violencia policial y la estigmatización. Su objetivo era claro: exigir la derogación de los artículos contravencionales que criminalizaban el trabajo sexual en la vía pública y el travestismo.

En aquel momento, estas mujeres transgredieron las normas impuestas por una sociedad patriarcal y conservadora, dispuestas a luchar por sus derechos. Caminaron por las calles de Salta, desafiando los prejuicios y el rechazo, hasta llegar al centro de la ciudad, donde culminaron su marcha en la plazoleta Cuatro Siglos. Allí levantaron sus voces, demandando el fin de la persecución y la discriminación.

A pesar del coraje y la determinación que demostraron aquella jornada, no estaban exentas del miedo. Sabían que las represalias no tardarían en llegar. Horas después de la marcha, se verían obligadas a regresar a las calles para ganarse la vida, enfrentando el acoso de la policía, clientes agresivos y el constante murmullo de la sociedad. Sin embargo, a través de sus atuendos extravagantes y rostros cubiertos de purpurina, encontraban una forma de mostrar su orgullo y al mismo tiempo protegerse en el campo de batalla de la vida.

Con el paso del tiempo, los recuerdos de aquella I Marcha del Orgullo se fueron desvaneciendo, dando lugar a disputas internas entre las agrupaciones y conflictos políticos. Solo aquellos que acompañaron a Pelusa en aquel primer evento pueden rememorar la emoción que se vivió, sin la necesidad de fotos o videos. Fue en esa marcha que se atrevieron a soñar con una agrupación liderada e integrada por travestis, y a demandar derechos para las trabajadoras sexuales cansadas de evadir la muerte.

Sin embargo, a medida que el movimiento travesti en Salta avanzaba, las demandas se fueron transformando. La lucha se orientó hacia la identidad, la inclusión social y la adaptación a la sociedad. Las organizaciones trans, de la mano del feminismo, comenzaron a exigir igualdad de condiciones y oportunidades en comparación con las mujeres cisgénero. Demandaban educación, empleo digno, salud integral y representación política. Estas demandas eran legítimas y se alineaban con las aspiraciones de muchas compañeras que anhelaban una vida menos marcada por la marginalidad y la violencia.

Sin embargo, en este proceso de transformación, las demandas originales se diluyeron. Aquellas consignas que las travestis alzaron para conquistar las calles y pedir garantías para ejercer su trabajo sexual sin ser perseguidas y asesinadas quedaron en segundo plano. Pelusa, una trabajadora sexual comprometida con la causa, centraba sudiscurso en la necesidad de reconocimiento y dignidad para todas las personas trans, pero no dejaba de lado la lucha contra la criminalización de la prostitución en las calles. La visibilidad y el reconocimiento de la identidad travesti se volvieron centrales en su activismo, pero siempre con la perspectiva de que la lucha por los derechos laborales y la protección de las trabajadoras sexuales no podía ser dejada de lado.

En la actualidad, el colectivo travesti en Salta sigue enfrentando obstáculos y desafíos en su lucha por la dignidad y el reconocimiento. La discriminación y la violencia persisten, y la falta de acceso a derechos básicos como la educación, el trabajo y la salud sigue siendo una realidad. Sin embargo, gracias a la valentía y el compromiso de mujeres como Pelusa Liendro, la comunidad travesti ha logrado avanzar en la conquista de espacios de poder y la visibilidad social.

Hoy, en Salta y en todo el mundo, se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. Una oportunidad para recordar que la lucha por la igualdad y la dignidad sigue vigente, y que la diversidad sexual y de género es una riqueza que debe ser celebrada y protegida.

El caso

En la noche del 29 de noviembre de 2006, en el pasaje Miguel Ángel de la Cerda, encontraron a «Pelusa» Liendro, una de las primeras meretrices trans en Salta, gravemente herida en su auto. Tras ser apuñalada siete veces por Silvio Elías Soria y Sergio Alfredo Núñez, ambos condenados a prisión perpetua, Liendro falleció en el Hospital San Bernardo a los 41 años.

Una de las principales batallas de «Pelusa» fue la creación de una zona roja en Salta, donde las trabajadoras sexuales pudieran ejercer su trabajo de manera segura y controlada. Además, también luchó por la obtención de un carnet sanitario para las trabajadoras sexuales, que garantizara su acceso a la atención médica y la prevención de enfermedades. Pero su lucha más importante fue contra la represión policial que sufrían las trabajadoras sexuales en las calles de Salta.

En ese contexto, «Pelusa» denunció a través de una cámara oculta la violencia y el abuso de poder por parte de la Policía hacia las trabajadoras sexuales. Su valentía y compromiso con la causa le valieron la admiración de muchas personas, pero también la enemistad de quienes se sentían amenazados por su lucha.

El juicio por el asesinato de «Pelusa» fue confuso e insatisfactorio para su familia y amigos. Durante el proceso, surgieron varias versiones sobre lo sucedido, pero ninguna pudo ser confirmada. A pesar de ello, los responsables del crimen fueron condenados a prisión perpetua.

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