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Los salteños con libertad vigilada

No había que esperar mucho, los resultados electorales solamente mostraron la capacidad de una gestión para desplegar una formidable arquitectura electoral con recursos infinitos y trampas varias, pero nada más que eso, los guarismos para nada significaban el aval a una gestión que envejece a la velocidad de la luz.

Un gobierno con los pies de barro, sistemáticamente bajo un fundado halo de sospechas de corrupción, carente de políticas públicas y sin capacidad de maniobra.

La administración Sáenz convirtió al gobierno en una feria de poca monta, están convencidos que todo se compra o se vende, no solo hablamos de obras, servicios o adquisición de bienes. Ellos están convencido que todas las voluntades se compran, será que siempre sus interlocutores habrán sido de la misma estirpe, pero ahora se dieron contra una pared, incapaces de sortearla.

Los docentes sobrepasaron a las estructuras gremiales, los autoconvocados, apenas un minúsculo grupo fundamentalista, se pararon de manos al gobierno y convencieron a la docencia que este era el momento se salir a la calle y exigir una sustancial mejora salarial.

Idas y vueltas, perdidos en un conflicto que no esperaban, el gobierno comenzó a mostrar su extravío, primero intentando invisibilizar el reclamo. Las redes pudieron más que la pauta oficial, luego reunieron a los líderes sindicales (ya sobrepasados) y una nueva oferta salarial. Lógicamente los sindicatos la aceptaron gustosos, pero las bases la rechazaron.

Sin argumentos, y sin cintura política, el castillo de naipes comenzó a desmoronarse.

Ahora llegó el mantozado de ahogado, mostrar la cara más perversa de un gobierno que pierde legitimidad y que los números de los comicios lejos de sostenerlo, se esfumaron en el aire.

A falta de razones buenos son los palos.

El gobierno con las complicidades de siempre resolvió que a partir de este momento, todos los que habitamos esta tierra lo hagamos bajo un sistema de libertad vigilada.

Los legisladores avalaron con su obediencia un aberrante avasallamiento a las libertades individuales, no solo el reclamo y la protesta esta en vilo, hasta la libertad de expresión están en riesgo en este feudo.

Cuando un gobierno restringe las libertades individuales en una sociedad, se suceden diversas repercusiones y efectos tanto a corto como a largo plazo.

Afectan de manera directa los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, como la libertad de expresión, la libertad de asociación y la libertad de movimiento.

Esto da lugar a una disminución de la diversidad de opiniones, la supresión de la sociedad civil y la imposibilidad de ejercer plenamente los derechos humanos.

Sáenz se equivoca creyendo que esta espantosa ley mandará a cada enojado a su casa. Las restricciones a las libertades individuales indefectiblemente generan descontento social. Los ciudadanos se sienten frustrados, oprimidos y privados de su autonomía. Esto conduce a probablemente a más manifestaciones, protestas y tensiones sociales, ya que las personas buscan recuperar sus derechos y expresar su desacuerdo con las políticas gubernamentales. Un arma de doble filo para el gobierno, por ahora las amenazas y los siempre presentes garrotes de la policía no logran atemperar los ánimos, simplemente los exacerbaron.

El gobierno está minando la escaza confianza que tenía la población en él. Si se percibe que las políticas son arbitrarias, injustas o violatorias de los derechos humanos, indefectiblemente se erosiona la confianza en las instituciones y en los líderes gubernamentales. Esto tiene un impacto directo en la legitimidad y estabilidad del gobierno.

También hay que decir que es un golpe artero al estado de derecho. Cuando se violan los derechos fundamentales y se utilizan medidas represivas sin justificación plena, se socava el sistema legal y se genera un clima de impunidad. Erosionando la confianza en el sistema judicial y a un deterioro de la protección de los derechos y las libertades individuales.

El gobierno está llevando a los salteños a una libanización de la sociedad, está generando divisiones y polarización dentro de la comunidad.

Hoy los salteños estamos en un estado de liberad vigilada, el ojo censor del gobierno hace que nos sintamos constantemente observados y perseguidos.

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