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Los mariscales de la derrota

La eterna levedad de Gustavo Sáenz constó muy caro para Unión por la Patria. Su amigo Sergio Tomás Massa se comió una paliza épica en un distrito que contaba como propio, sobre todo después de la promesa del mandatario salteño de revertir los números de las PASO y las generales.

Sáenz se autopercibia «re cerca» de Massa, aunque esa cercanía “re nunca” se notó.

Solo en los últimos días de la campaña un ataque de locuacidad invadió al mandatario y comenzó a balbucear algunas consignas en favor de Massa.

Lastima que fue solo un ataque de verborragia, algunas frases hechas y argumentos poco serios sobres los males que caerían sobre Salta en caso que ganara el líder libertario.

Por momentos la confusión, a los ciudadanos les costaba distinguir si se trataba de una campaña a favor de Massa o una severa y letal autocritica a sus primeros cuatro años de gobierno… Decir que si ganaba Milei iba a tener que «cerrar la Provincia» sonaba más a un reconocimiento de cuatro años de una inmerecida siesta.

Gustavo es el primer mariscal de la derrota, pero no es el único, como buen mariscal tiene sus lugartenientes. En Capital, Emiliano Durand, que también puso la cara por Massa y pidió el votos, los salteños le dieron la espalda. Aunque dicen en el máximo buro de Durand que estos números denotan una cierta debilidad política de Saenz y lo coloca en franca carrera al 27.

El Valle de Lerma, feudo de Esteban Amat, también fue una masacre para Massa, demostrando que los viejos esquemas de vasallaje son cada vez más vetusto.

Solo Pablo Outes intentaba en absoluta horfandad remontar una campaña perdida desde su mismo inicio.

Políticamente en el PJ y sus satélites se produjo un verdadero cisma, la militancia busca responsables y explicaciones que por el momento no llegan y seguramente nunca llegarán.

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