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Lo que nos dejó el debate

Menuda perlita nos dejó el inicio mismo del debate de intendentes convocado por la Universidad Nacional de Salta. Antes que los contendientes se acomoden cada uno en su esquina, Lucia Soria, presidenta del Centro de Estudiantes Voces, tomó el micrófono y con la hermosa desfachatez de una juventud comprometida con su comunidad, celebró que la casa de altos estudios sea la anfitriona de tal evento. En su breve alocución, quizás sin intención política alguna, dijo que esto se concretaba después de tantas idas y vueltas del Concejo Deliberante. Por suerte la joven Lucía es una persona de lo más educada, podría haber sido peor, aunque con esa sola frase sintetiza al peor de los Concejo Deliberantes de la historia de la democracia.

Más allá de este chascarrillo, el debate bien organizado y con profunda convicción democrática, dejó en evidencia una vez más a la paupérrima dirigencia política salteña. Los candidatos, esto es una generalización, dejaron poco y nada para los incautos ciudadanos que nos depusimos a seguir el choque de ideas.

Choques muchos, ideas muy pocas. En general los candidatos se dedicaron a fustigar, más con expresiones de deseo que con cuestiones concretas, a la gestión municipal, usando a Agrotécnica Fueguina como el caballito de batalla. Quizás fue ahí donde los postulantes mostraron su mayor precariedad, decían que era un servicio caro ¡vaya novedad!, así lo es en cualquier parte del mundo. Todos quieren acabar con la empresa, pero a nadie se le cayó una sola idea sobre qué hacer con la basura, nadie mostró un proyecto superador al ya existente en la ciudad. No es un problema que se solucione con frases hechas, slogans de campaña o decursos tribuneros, lo que sí está claro que el problema de la basura en la ciudad es lo suficientemente serio como para dejarlo en manos de estos improvisados.

Felipe Biella: un empalagoso yoísmo, el mundo gira a su alrededor, él fundó el partido, él armo el PIDUA, él es profesor en la UNSa, él es ingeniero, él sabe y está él y su familia. Inclusive se presentaba con el nombre de su partido y no con Avancemos, concertación que lo postula como candidato a intendente. Más allá del narcisismo repelente, poco y nada en materia de ideas para la ciudad, por más que se autoperciba campeón del mundo, a la hora de la verdad cayó en la misma mediocridad que la mayoría de sus contendientes, más de lo mismo aunque algo peor.

Los referentes de la izquierda rozaban lo impresentable, escucharlos provoca un fuerte reclamo por la vuelta de los intelectuales de la izquierda que alguna vez supo tener nuestra provincia. Chatos, sin aristas y nada más que frases estudiantinas.

Matías Posadas: hundido en un mal de dudas, con serios problemas para intentar dejar el claro algún concepto medianamente razonable para la ciudad. Tan demagogo como inconsistente, intentó vender algunas toneladas de humo que se esfumaron rápidamente en un auditorio anonadado de tantas frases de sobrecitos de azúcar.

Emiliano Durand: un candidato con pies de barro, sin recetas de chocotorta, sin tablet de ENACOM para regalar y sin el aparato del Estado por atrás, todo ímpetu se desmorona como castillo de naipes. Incomodo y hasta extraviado, no logró convencer de nada a nadie, abuso de buenismo y nada más que eso. Para colmo se retiró antes de tiempo por “compromisos contraídos con anterioridad”. Quedó más que claro por qué los concejales de Durand, Darío Madile y sus esbirros, junto a los de Biella, bloquearon cualquier posibilidad de que el Concejo Deliberante organice en convite.

Bettina Romero: todos se quisieron parar sobre su gestión y hacer tribuna desde ese sitio, soportó estoica sin alterarse los embates de los adversarios, dijo lo suyo, lo que hizo, en algunos casos porque lo hizo, y lo que pretende hacer. No abundó en tecnicismo y si en nortes para la ciudad. Fue empática con los vecinos sin usarlos demagógicamente. Bettina Romero llegó al debate como punto y se fue como banca.

 

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