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La pijamada

– Paren se olvidan de descolgar la bandera… a quien le toca? – gritó José a la vez que se acodaba la melena mirando a la cámara, mientras todos se paraban y agarraban sus petates para rajarse.

Gran revuelo, los murmullos invadían el recinto hasta que finalmente Darío dijo que le tocaba a Arnaldo hacer el honor. Mucha emoción, algunos corrieron presurosos a abrazarlo, hasta que, a punto de concretar el acto, Agustina desde el fondo del salón levantó las dos manos y con nerviosos saltitos a viva voz decía – Chicos no se olviden que esta noche sale pijamada en casa- aplausos efusivos y diálogos excitados sobre qué llevaría cada uno y los juegos que compartirían.

El primero en llegar fue José, puntual como siempre, con un Rasti de 1000 piezas bajo el brazo, – voy a construir una casita con vereda y todo – decía entusiasmado.

Agustina, excelente anfitriona terminaba de acomodar la mesa. Había puesto el mantel y los platos de salir, una coquetería.

Diálogos banales hasta que suena el timbre, era Alberto, pequeño bolso de cuero colgado sobre el hombro, en la mano derecha una pantuflas abrigadas y en el brazo izquierdo, Scrabble, – esta noche nadie me gana – decía desafiante mientras se acomodaba los anteojos y esbozaba una sonrisa triunfalista.

Alicia llegó con facturas, jactándose de haberlas hecho ella misma durante toda la tarde. Mientras amenazaba con duras represalian a quien se atreviera a meter mano en la delicia, – esto es para el desayuno, hay que ponerlas en la heladera – recomendaba.

Alicia y Alberto se ubicaron en un sillón a departir sobre algunos recuerdos de la Salta de antaño, mientras José ayudaba a Agustina con los últimos preparativos.

Nuevamente el timbre, era Soledad, todos se acercaron a la puerta, querían ver si había venido manejando. Conociendo lo picaros que son sus compañeritos, antes de cualquier comentario, aclaró que un Fiat Cronos de Remis Sur la había trasladado hasta el lugar. Los chicos, traviesos como siempre, miraban curiosos las tres bolsas del Súper Día, hasta que develó las dudas y sacó tres botellas de Coca Zero, una de Mirinda Naranja, una bolsa de papas fritas y un yogurt descremado con cereales, – Este es mi postre – dijo sonriente.

Con una PlayStation 4, recién chipiada en el mercado de pulgas, llegó Arnaldo, jactándose de ser un experto con el FIFA 22. Inmediatamente le pidió a Agustina una zapatilla para enchufar el juego, mientras desafiaba a los varones presentes.

Víctor era uno de los encargados de la bebida, y vaya si cumplió: siete Termidor box tinto, dos botellas de Manaos naranja, dos paquetes de maní salado, 350 gramos de salchichón primavera, 400 gramos de mortadela bola y cuatro tiras de pan. – Hoy se toma fantin y se comen chegusan – decía alborozado mientras se acomodaba los anteojos en la cabeza.

Agustina, perspicaz, sacó un par de platos de porcelana y los cambio por unos plásticos que le habían quedado del cumple de una sobrina, también cambió la copa de tallo alto por uno de plástico de Cerveza Salta.

Llegó el otro José, envuelto en una nube de humo y con 15 humitas dulces y 21 saladas, entró cantando mientras pedía ayuda con la bolsa de papas fritas y las gaseosas. Histriónico como siempre le preguntaba a Agustina si tenía cámaras, mientras que ayudaba a acomodar las bebidas y la comida.

Asombro entre los presentes cuando apareció Emilia, resulta que llegó con el pijama puesto, un hermoso enterito color rosado desde los pies hasta la cabeza, – soy friolenta… – dijo.

Carolina coincidió su llegada con Guillermo, la blonda se jactaba con una Tablet que había conseguido en promoción en algún lugar del barrio Grand Bourg, aunque sin precisar el sitio exacto. Decía que ahí tenía las 17 claves para triunfar en el mundo de las finanzas. Por su parte Guillermo de cortos y botines huía disimulado del rincón del Scrabble, mientras preguntaba a la anfitriona se había algún lugar para hacer unos penales.

Un extraño aroma choripán comenzó a sentirse en la zona, era Ignacio que llegaba con 31 que había sobrado de una marcha.

Inés y Paula decidieron ir juntas en el mismo auto, cada una con su bolsas de cremas para ponerse entes de dormir, coquetos bolsos de mano y varias cajas con delicados canapés de crema de roquefort y nueces, otros con palta y camarones, pequeños sándwich de miga de mostaza de dijon, jamón crudo, salami, lomo de cerdo asado y pepinillos. Para el postre cuatro docenas de mandarinas criollas. Y dos botellas de agua finamente gasificadas.

Laura, cultora del bajo perfil, llegó silbando bajito, le entregó los budines y las gaseosas a Agustina y tranquilamente se puso a charlar con Soledad.

Impecablemente vestido con pantalón azul y camisa celeste llegó Pablo, que ni bien entró propuso un recital de Pablo Neruda. Todos miraron atónitos; a Guillermo la pelota casi se le va a los techos, Soledad arqueo las cejas, Alberto levantó la vista del tablero del Scrabble, justo en el momento que Alicia acomodaba prolijamente la palabra “alambicado”, Víctor se atragantó con el maní y preguntó si ese tal Neruda integraba la formación de popular grupo de cumbia Sobredosis.

Jorge llegó presuroso, con una tabla de picada de Roque García y cinco coronas. Mientras que Eduardo, tranquilo como siempre, aportó algunas conservas, galletitas saladas y gaseosa light, convencido que las chicas cuidan las formas con vistas a la venidera temporada estival.

El último en llegar fue Darío, y como hombre educado que es jamás llega de visita con las manos vacías, y llevaba un presente para Agustina. A todos les embargó la emoción, inclusive algunas lágrimas se dejaron caer cuando el bueno de Darío le entregó a la anfitriona una hermosa placa recordatoria con la leyenda “Tus Amigos”, abrazos, aplausos y vítores se sucedieron sin solución de continuidad hasta que se dio formalmente abierta la primera pijamada del año.

Todo era jolgorio hasta que Eduardo se percató de una ausencia, Malvina no había llegado.

Las chicas comenzaron a llamarla por teléfono, hasta que dieron con la compañera ausente en el convite, y justificó su inasistencia comentando que estaba atrasada en los quehaceres domésticos, que estaba en pleno proceso de preparar la cena y luego debía poner el lavarropas y planchar las pilchas que estaban pendientes desde hace días. Por supuesto que los lamentos fueron generalizados y se sucedieron las promesas de guardarle un pedazo de torta.

Fue una bucólica noche, solo faltó el fogón y cantar el hit de Verano del 98.

Los duelos de Scrabble entre Alicia y Alberto, las encendidas discusiones sobre el equipo de Scaloni entre Guillermo, Víctor, Jorge y Darío. Los intentos de José por interpretar algunos de los hits de los Juveniles Pandas, las clases magistrales de Carolina sobre el complejo mundo de las finanzas, Inés y Paula que toda la noche departieron sobre los colores pasteles que se impondrán este verano. Agustina , celu en mano, no le deba descanso a las selfies…

Así cada uno disfrutando de esta memorable juntada, hasta que alguien se percata que el José, el de los Rasti, estaba absolutamente abstraído en su metié, balbuceando palabras incomprensibles. Todos se acercaron y lo vieron realizando denodados esfuerzos por encastrar una puerta en la casita blanca, mientras que entre dientes propinaba todo tipos de insultos a la puertita amarilla diciendo que “…la culpa la tiene Bettina…”

Cualquier similitud o semejanza con la vida real es mera coincidencia.

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