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La paradoja de la conciliación: cuando la libertad de expresión se ve amenazada

Por Andrés Mendieta Ulivarri


Qué paradójico resulta que un día como hoy, en el que los periodistas
nos saludamos y aprovechamos la ocasión para juntarnos alrededor de una mesa a derramar infinidad de historias y anécdotas y por supuesto también a interminables brindis, en cada festejo será recurrente este nuevo atropello a la libertad de expresión perpetrado por Gustavo Sáenz, bajo el eufemismo de conciliar.

El largo brazo censor de este gobierno ya se hace sentir, y el rigor esta vez cayó sobre El Repasador, un siestero y ameno programa radial.

José Muñoz y Gabriela Flores no “conciliaron” con el relato oficial, no se disciplinaron al mendaz discurso oficial, y le apagaron los micrófonos.

En la Legislatura provincial, se despliega el laberinto de la ironía y la contradicción, se dispersa una triste escena que nos recuerda que los caminos del poder y la conciencia pueden llegar a converger en una extraña danza. En el escenario de la libertad de prensa y expresión, una figura inesperada emerge, tejiendo un discurso que contradice su propia esencia.

Mónica Juárez, una diputada, que alguna vez supo caminar la senda del periodismo, sorprendentemente se posiciona del lado del censor. Como una paradoja incomprensible, se erige como defensora de la opresión, olvidando el compromiso que una vez tuvo con los principios del periodismo.

Es difícil comprender cómo alguien que se supone conoce el poder transformador de la palabra puede dar la espalda a la libertad de expresión. ¿Acaso ha olvidado la fuerza de las letras para dar voz a los sin voz? ¿Se ha dejado seducir por las comodidades del poder, sacrificando su integridad periodística en el altar de los intereses partidistas?

Es decepcionante ver cómo aquella pluma, que alguna vez se alzó en nombre de la libertad de expresión, ahora se doblega orgullosa ante las presiones y los intereses mezquinos. En un acto de negación de su propia identidad, se convierte en cómplice de aquellos que desean silenciar la verdad y ocultarla bajo un manto de manipulación y engaño.

Como en una novela absurda, donde los personajes se contradicen a sí mismos, Mónica Juárez, esta diputada-periodista se adentra en el terreno de la incoherencia. Sus palabras se transforman en herramientas de dominio y manipulación.

Es necesario recordar que el periodismo no debe ser utilizado como un instrumento para aplaudir al poder, sino como una voz crítica y comprometida que desafía las injusticias y revela la verdad. Los periodistas tienen el deber de ser custodios de la libertad de expresión y pilares de la democracia, y es desalentador ver cómo esta diputada olvida su papel en aras de intereses particulares.

En este torbellino de contradicciones, nos vemos confrontados con la dura realidad de que aquellos que alguna vez lucharon por la libertad pueden caer en la tentación del poder. Sin embargo, la historia nos enseña que siempre habrá voces valientes dispuestas a alzar la pluma en defensa de la verdad, sin importar cuán oscuro sea el panorama.

Que este episodio sirva como recordatorio de la importancia de mantener la integridad y la coherencia en la búsqueda de la verdad. La libertad de prensa y expresión no puede ser comprometida por aquellos que deberían ser sus mayores defensores. La verdadera esencia del periodismo radica en su capacidad para desafiar, cuestionar y trascender los límites impuestos por el poder.

En medio de la confusión y la decepción, confiemos en que la llama de la verdadera vocación periodística se mantendrá viva en aquellos que se niegan a ser silenciados y que se comprometen a ser portavoces de la verdad, incluso cuando las paradojas se entrelacen en el camino.

Juárez eligió el camino de “conciliar” la libertad de expresión, se acomodó del lado de los fascistas silvestres, mientras que muchos otros seguimos el camino de la libertad.

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