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La actualización del noventista «estamos mal pero vamos bien»

«Es evidente para mí que la mayoría de los argentinos están experimentando dificultades. Reconozco que la gente lo percibe claramente». Con una expresión seria y dirigiéndose a la cámara, en una de sus numerosas entrevistas con Luis Majul, Javier Milei articuló lo que quizás sea el logro más destacado del actual discurso libertario: la modernización del mensaje de los años noventa de «estamos mal pero vamos bien».

Sin embargo, sería simplista reducir el respaldo del Presidente en la sociedad únicamente a esta estrategia comunicativa. Existen múltiples factores que pueden explicar este apoyo, incluso en medio de un ajuste económico severo que ha impactado en el poder adquisitivo, el consumo y la actividad económica. Ya hemos abordado en varias ocasiones, el hartazgo social debido a las frustraciones con anteriores gestiones de gobierno, siendo uno de los principales.

Considerando que según las previsiones oficiales lo peor aún está por venir antes de que comience la recuperación, probablemente sea apropiado el mensaje televisivo empático del presidente. Afortunadamente, este difiere considerablemente de la versión más enérgica y furiosa que se suele ver en Twitter. Mensajes distintos para audiencias diferentes.

En las últimas horas, esta supuesta conexión con los efectos del ajuste económico ha trascendido más allá de la comunicación. Sin ningún anuncio formal, desde el Ministerio de Economía se ha dejado entrever que se aplazarán los aumentos previstos para el gas natural, los combustibles, los pasajes de colectivo y de tren. La lógica detrás de esta decisión puede no ser necesariamente humanitaria, sino más bien numérica: evitar que estos aumentos presionen sobre el índice de precios durante marzo y abril, para así respaldar la reducción de la inflación.

Sin embargo, es importante no dejarse llevar por falsas ilusiones, algo que es común en ambos extremos del espectro político. El Presidente utilizó para su mensaje empático una encuesta que, según se dice, fue estudiada detenidamente antes de la entrevista televisiva. Esta encuesta fue realizada por Aresco, la consultora dirigida por Federico Aurelio, que es frecuentemente utilizada por políticos y empresarios.

Según este estudio, el 54% de los encuestados evalúa positivamente la gestión de Milei, mientras que el 44% lo desaprueba. Entre aquellos que lo respaldan (un porcentaje casi idéntico al que obtuvo en el balotaje), la mitad lo hace porque lo consideran diferente a los políticos tradicionales, mientras que la otra mitad confía en que pueda mejorar la economía.

Cuando la encuesta pregunta sobre la situación económica personal, el 70% afirma que está peor que cuando comenzó el gobierno libertario. Curiosamente, este es el mismo discurso que adopta el presidente. Sin embargo, esta percepción negativa se equilibra con las expectativas: hay más personas que creen que su situación mejorará que las que creen que empeorará o permanecerá igual. Además, solo alrededor de un tercio piensa que Milei no será capaz de reducir la inflación, que ha sido la principal preocupación de la población durante meses, según las encuestas de opinión pública.

Hace apenas un mes, durante un evento liberal al que asistió en Corrientes y donde fue recibido con aplausos, el Presidente dijo ante el público: «Soy un loco, pero no soy ingenuo. No me trago cualquier cuento». Tal vez sea hora de tomar sus palabras en serio.

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