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Femicidios en Salta: Una epidemia que exige acción

En medio de la pintoresca belleza de los paisajes salteños y la riqueza de su cultura, una sombra se cierne sobre la provincia: los femicidios han escalado a niveles alarmantes. Ana Pérez Declercq, directora del Observatorio de Violencia contra las Mujeres de Salta, ha hecho sonar la alarma en una entrevista con el programa «Cuarto Oscuro» de FM La Cuerda (104.5), poniendo de manifiesto la urgencia de un cambio fundamental en la manera en que enfrentamos esta tragedia. Sin embargo, la crisis de femicidios en Salta no es un aislamiento; es un reflejo inquietante de una epidemia nacional que exige atención inmediata y medidas integrales.

Los números son devastadores y difícilmente puedan ser ignorados: en el primer semestre de este año, un total de 151 mujeres en diferentes puntos del país fueron víctimas de la violencia de género, lo que arroja una cifra escalofriante que trasciende las estadísticas para adentrarse en la desgarradora realidad de vidas perdidas y familias destrozadas. Los meses con mayor incidencia de femicidios fueron abril y mayo, con 30 casos cada uno. Les siguen enero (26), marzo (25), febrero (23) y junio (17). Cada número representa una tragedia humana y una urgente llamada de atención.

Durante este año en Salta se han registrado nueve muertes caratuladas como femicidios, junto con entre 15 y 18 muertes aún no caratuladas que podrían considerarse como tales.

Uno de los aspectos más preocupantes que revela el informe es que en el 75% de los casos se ha confirmado una relación preexistente entre la víctima y el agresor, lo que señala la urgente necesidad de abordar las relaciones tóxicas y violentas desde sus raíces. Además, el dato de que solo el 6,8% de los femicidios fueron cometidos por desconocidos pone de manifiesto que la violencia de género suele ser perpetrada por quienes están en los círculos más cercanos de las víctimas.

El hogar, ese refugio que debería ser un espacio de seguridad y tranquilidad, se ha convertido en un lugar de peligro para muchas mujeres. El informe muestra que la mayoría de los femicidios ocurrieron en el hogar de la víctima o en la vivienda compartida con el agresor.

En medio de esta tragedia, otro aspecto doloroso es que el 15,9% de las víctimas había presentado al menos una denuncia por violencia de género antes del fatal desenlace, lo que refleja las fallas en el sistema de asistencia y protección. Esto deja en claro que se requiere una reforma integral de las instituciones y una respuesta más efectiva a las denuncias.

La violencia de género afecta a todas las clases sociales y atraviesa todas las esferas de la sociedad, contrarrestando la noción errónea de que solo afecta a sectores marginales.

Los datos también revelan características perturbadoras de los agresores. Siete de ellos tenían o habían tenido vínculos con fuerzas de seguridad, mientras que tres actuaron como «sicarios». Es aún más triste saber que 29 agresores se quitaron la vida después de cometer el crimen, mientras que siete intentaron hacerlo sin éxito. Además, 81 niñas y niños quedaron huérfanos como resultado de estos actos de violencia.

En el contexto específico de Salta, la situación es igualmente preocupante. Carla Tiano, responsable del Programa de Orientaicón y Asistencia Jurídica a Víctimas de Delitos Graves, revela que en la provincia, 14 niñas y adolescentes han quedado sin sus madres debido a los femicidios. Esto pone de manifiesto la necesidad de un enfoque integral y sostenido para abordar la violencia de género desde sus raíces culturales hasta sus manifestaciones más violentas.

Lo que está sucediendo en Salta resuena como un grito desesperado en medio de una crisis que no puede ser ignorada. Es un llamado a un cambio profundo en la cultura, en las políticas y en nuestras actitudes personales es un recordatorio ineludible de que todos somos responsables de crear un entorno seguro y libre de violencia para las mujeres. Los femicidios no son meras estadísticas, sino vidas perdidas y familias destrozadas. Ha llegado el momento de que como sociedad, enfrentemos esta realidad y tomemos medidas concretas para prevenir más tragedias y construir un futuro donde las mujeres puedan vivir sin miedo. Es hora de transformar la indignación en acción y la desesperación en un llamado colectivo por un cambio profundo y sostenido.

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