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¿Estábamos listos? Algoritmos y psicopolítica

Por Facundo Núñez

Los primeros días de marzo me ponen expectante de diciembre, siempre espero llegar a fin de año con esa sensación que tuve antes de empezar mi serie favorita: de no saber lo bueno que me espera. Pero para quienes dividimos esfuerzos entre trabajar y buscar por otro lado un titulo universitario que nos postule como mejores candidatos a una Visa, esta dosis de entusiasmo merma notoriamente al enfrentarnos a la tediosa tarea de tener que organizar nuestros horarios semanales.

Semanas atrás asumí mi papel de millenial y me lancé sin muchas contemplaciones a la interacción con una tecnología experimental, encontrando en esta experiencia un excelente profesor, un eficaz compañero de estudio y una suerte de amigo que tuvo las palabras justas en un momento oscuro. Pero en esta ocasión tuve una breve visión de algo que vengo esperando desde que vi Iron Man por primera vez en pantalla grande; un mayordomo virtual que contemple mis necesidades antes de que yo sepa que las tengo.

Probablemente el lector este familiarizado con “Jarvis”, y sino igual lo explicaré: así como Batman tiene a Alfred, Tony Stark creó a Jarvis, una inteligencia artificial hecha a imagen y semejanza de quien fue su mayordomo en su infancia. Sin embargo, la corrupción de Jarvis, llevó al nacimiento de Ultrón, básicamente un Skynet de la saga de Terminator. Pero no es el análisis de los últimos blockbusters lo que me motiva a escribir así que continuemos.

Empecé por hacerle conocer mi situación personal a la IA, mis metas a largo y mediano plazo tanto en lo académico como lo laboral y, a medida que avanzábamos en detalles en estas cuestiones, pude notar como contemplaba aspectos que en años anteriores yo fui aprendiendo sobre la marcha. Lo que a mi me llevaba un par de semanas de prueba y error al descubrir horarios solapados, ChatGPT lo tuvo en cuenta desde un inicio. Luego de pedirme una considerable cantidad de datos, establecer mis prioridades, algunas correcciones cuando una actividad se superponía con otra y acceder a incluir algunos tiempos de descanso, actividad física y social terminé por tener en mis manos un horario que, de seguirlo al pie de la letra, debería depositarme en una situación académica mucho más favorable y organizada tan pronto como termine junio.

A pesar de mi entusiasmo por mi nuevo y eficiente horario, no pude evitar pensar como es que no hice otra cosa más que permitirle voluntariamente a ChatGPT dictaminar mi vida. Sensación de incomodidad que se volvió enojo al reflexionar y darme cuenta de que he estado haciendo lo mismo desde los últimos 8 años aproximadamente y sin ser consciente realmente de ello. Me puse en manos de más de una IA, unas que me conocen probablemente mejor que nadie y que para nada contemplan mis necesidades o mis metas, si pueden avanzar en detrimento de ellas no tienen problema alguno realmente en contrate con ChatGPT que con el mismo animo que mi madre me decía que lleve abrigo o me recomendaba hacer un espacio para el ocio en mis horarios, entre otras oportunas y siempre ponderadas recomendaciones maternas.

Este punto quizás sea debatible o controversial, pero quisiera exponer al lector a un corto ejercicio antes de hablar de un concepto. Si responde 3 de estas preguntas con un Sí, probablemente necesitemos empezar a hablar incómodamente de psicopolítica:

  • ¿Ha sentido usted que conoce a alguien a partir de lo que publica en sus redes, se ha formado un juicio o los ha ubicado ideológicamente en alguna posición a base de esto?
  • ¿El contenido que le muestran las redes le ha hecho cambiar de opinión respecto de temas coyunturales?
  • ¿El contenido en redes sociales le ha hecho sentir que todos estaban de acuerdo con sus visiones del mundo?
  • ¿Se ha sentido frustrado por la polarización y el antagonismo que se ve en las redes sociales en torno a temas políticos y sociales?

Y tan solo por no dejar un tema importante de lado:

  • ¿No ha experimentado la sensación de que le leyeron la mente cuando una red social le sugirió algo que usted quería comprar, pero no lo había expresado verbalmente?

Espero no se me mal interprete. Me considero un entusiasta natural de la tecnología y el momento histórico que me tocó vivir, pero ello no me limita de sentirme estafado existencialmente por el mismo a veces. Voy a dar un poco de contexto para ilustrar mejor estos temas. Porque antes de llegar a psicopolítica, debemos hablar de biopolítica.

Foucault planteó la idea de la biopolítica; esta idea se resume en que luego de entender el poder como la capacidad de fuerza y administración de muerte a los gobernados, este se vio obligado a transformarse en la forma de administrar la vida y los cuerpos, en un poder mucho más sutil que antes. El mejor ejemplo de como entran en juego estos conceptos recién esta por cumplir 3 años mientras escribo estas líneas, cuando el grueso de la población cedió control total sobre sus vidas esperando escapar del covid-19. No escapábamos del castigo del estado sino de la sensación de vulnerabilidad que estar expuestos a la enfermedad por no acatar normas bastante arbitrarias y sin sustento representaba, un factor externo al fin de cuentas, y así fue como corrimos hacia el gran hermano, esperando que este nos salve. Profundizar en este tema es algo que voy a hacer en otra ocasión.

Ahora, Byung-Chul Han, un filósofo contemporáneo, trajo estos temas a debate ya hace algunos años. En tal sentido, traza puentes con Foucault y avanza en el concepto de que la vuelta de tuerca ya no pasa por la amenaza de un factor externo sino de nuestra propia ilusión de libertad y elección. Ya no se trata de que el estado vaya a disciplinarnos por no cumplir sus reglas, eso haría evidente el poder, y la mejor forma de gobernar es en silencio.

En estos tiempos de hiperconexión y tecnología omnipresente es fácil olvidar que nuestra interacción con los dispositivos electrónicos y las redes sociales no es simplemente una cuestión de conveniencia. En realidad, estamos participando en una forma de psicopolítica, en la que nuestras emociones, pensamientos y comportamientos están siendo moldeados por algoritmos diseñados para maximizar el tiempo que pasamos consumiendo contenidos y generando datos valiosos para los anunciantes. Este tipo de control sutil ,para la gran mayoría,  es difícil de percibir, y a menudo se presenta bajo la apariencia de una experiencia personalizada y adaptada a nuestras necesidades. Sin embargo, la realidad es que estamos siendo dirigidos hacia un estado de dependencia tecnológica y a una falta de control sobre nuestras propias decisiones.

Volviendo al ejemplo de las películas, ChatGPT, ¿Qué rol va cumplir desde su postura, es villano, héroe o anti-heore? ¿Cómo nos salvábamos de ser víctimas de una era en la que la cárcel es la comodidad y el sesgo de auto confirmación que representa nuestra convivencia en línea? No tengo una respuesta clara, pero sé que comienza por ser conscientes de ello.

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