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El declive del peronismo: Sexta derrota y su poder territorial menguante

El peronismo, históricamente un actor dominante en la política argentina, enfrenta tiempos difíciles marcados por una serie de derrotas electorales en diferentes provincias del país. La más reciente y llamativa de estas derrotas tuvo lugar en Chaco, donde el gobernador Jorge Capitanich sufrió una histórica derrota frente al radical Leandro Zdero. Este resultado marca el fin de una era de 16 años de gobierno peronista ininterrumpido en la provincia.

Sin embargo, Chaco no es un caso aislado, sino más bien parte de una tendencia que se ha profundizado a lo largo de este año. Esta serie de derrotas se produce en medio de una crisis económica crónica que el gobierno nacional, liderado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner, no ha logrado resolver, sino que, en muchos casos, ha agravado. Además de Chaco, el peronismo ha perdido en otras cinco provincias: Santa Fe, Santa Cruz, Chubut, San Luis y San Juan.

Esta sucesión de derrotas plantea un panorama de incertidumbre de cara a las elecciones generales que se llevarán a cabo el 22 de octubre, cuando los argentinos deberán elegir al próximo presidente de la Nación. La derrota de Capitanich en Chaco se suma a la caída de otros gobernadores peronistas en estas provincias, lo que disminuye el poder territorial que el peronismo había mantenido durante años en el interior del país.

Un denominador común en estos resultados adversos es que los gobiernos provinciales no lograron evitar la derrota a pesar de haber desdoblado las elecciones, separando así la suerte del oficialismo local de la gestión nacional. Además, se evidenció una tendencia hacia el cambio más que hacia la continuidad en el ámbito local, lo que impactó negativamente en las administraciones peronistas.

En el caso de Chaco, Leandro Zdero ganó con el 46,39% de los votos, mientras que Capitanich obtuvo poco más del 40%. La gestión de Capitanich se vio empañada por el caso Cecilia Strzyzowski, un truculento crimen que afectó de manera irreversible su imagen y que estuvo vinculado a su estrecha relación con Emerenciano Sena, uno de los siete imputados por el crimen.

Esta serie de derrotas no es un fenómeno aislado, sino una tendencia que preocupa al peronismo y que reduce su poder territorial en el país. Antes de Chaco, los Kirchner perdieron en Santa Cruz, los Rodríguez Saá en San Luis, y el peronismo chubutense dirigido por Mariano Arcioni también enfrentó un duro revés.

A pesar de este panorama adverso, en diez provincias los electores decidieron dar continuidad a sus gobernadores peronistas. Esto incluye a figuras como Martín Llaryora en Córdoba, Gildo Insfrán en Formosa y Alberto Weretilneck en Río Negro, entre otros. Sin embargo, el peronismo puro y orgánico solo ha logrado victorias en estas provincias durante este año.

Queda por verse qué sucederá en las próximas elecciones en Mendoza y Entre Ríos, donde Juntos por el Cambio tiene la oportunidad de ganar. Si logran la victoria en ambas, la coalición habrá ganado en 10 provincias, lo que podría cambiar significativamente el panorama político en el país. Además, la provincia de Buenos Aires, considerada la «madre de todas las batallas», sigue siendo un punto de interés clave.

El mapa electoral todavía está sujeto a modificaciones debido a las elecciones generales pendientes en seis provincias que tuvieron las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). En definitiva, el panorama político argentino se presenta incierto y lleno de desafíos para todas las fuerzas políticas en competencia.

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