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Cuando la casta no quiere debatir

Los peores concejales de la historia democrática de la ciudad habían sancionado una ordenanza de debate obligatorio, iniciativa de Emilia Orozco, tos se pusieron el traje de republicanos, deambulaban orondos por los medios de comunicación, todos relataba una unisona y homogénea farsa.

Nobleza obliga, Emilia Orozco era la única que se mostraba convencida de su iniciativa y transmitía las bondades democráticas y republicanas del proyecto de debate aprobado por unanimidad.

Chicaneros como siempre, los más limitados (casi todos) pusieron un manto de duda sobre si Bettina Romero promulgaría la ordenanza. Romero la promulgó y los móviles de los ediles comenzaron a gritar «… recalculando…»

La insoportable levedad del Concejo Deliberante tenía dos anclajes trascendentes, dos de los candidatos a intendentes ya habían manifestado a sus equipos de campaña que bajo ningún punto de vista debatirán con los otros aspirantes al sillón principal del CCM.

Emiliano Durand hasta hace muy poco el bendecido de Gustavo Sáenz, hacia infinidad de cálculos con las encuestas en la mano, viendo anonadado como su chances de ser intendente se diluyen sin solución de continuidad. En la sede del PRS, Durand y su gente se convencieron que había que huir del debate, no hay posibilidad alguna de pararse frente al atril con una receta de chocotorta, zaracear con el emprendedurismo y sin forma de justificar el uso y abuso de los recursos del Estado (nacional y provincial) en una campaña política.

Cualquier candidato sin nada que perder podía embestir con dureza contra su humanidad, el riesgo de seguir cayendo en las encuestas era muy grande, sus concejales tenían que impedir el debate aún cuando caigan en el peor de los ridículos, como finalmente sucedió.

También el saencista Felipe Biella había manifestado en su grupo familiar que no estaba dispuesto a debatir, algunos le sugerían dejar el atril vacío por «compromisos contraídos con anterioridad». La familia Biella entiende que el relato de imposible cumplimiento en la ciudad puede funcionar en la medida que no quede en evidencia, y en un debate con otros aspirantes el discurso demagogo quedaría también en evidencia.

Así fue, Biella le pidió a sus familiares que son concejales que tumben el debate.

Darío Madile, Durand y Biella se dieron el gusto y nos privaron a los salteños no solo de escuchar en un saludable debate a todos los candidatos, también nos privaron de mejorar esta democracia.

La casta que no quiere debatir es la que nos hundió en una democracia low cost , simplemente por que les sirve a los proyectos de casta y a los proyectos familiares.

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