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Apología del derecho a ofender

Por Facundo Nuñez

 

  • ¿Por qué debería tu derecho de libre expresión, primar sobre el derecho de una persona trans a no ser ofendida?
  • Porqué para poder pensar, tienes que aceptar el riesgo de ser ofensivo, mira por ejemplo la conversación que tenemos ahora, ciertamente estas dispuesta a ofenderme para averiguar la verdad ¿por qué deberías tener derecho a eso? es incómodo para mí.

Este intercambio con el que decido abrir la nota de hoy, es uno que se dio en el Channel 4 News, de Reino Unido entre Jordan Peterson y Cathy Newman. Peterson, psicólogo clínico oriundo de Canada y un pensador controversial se encontraba bajo la mirada crítica de medios y redes sociales al oponerse abiertamente a la Bill c-16. La cual criminalizaba que una persona de la comunidad trans fuese llamada por pronombres que no hubiese elegido. No, no es que se trataba de prohibir algún discurso, como las leyes en contra del negacionismo del Holocausto, sino de establecer pronombres que se volvían obligatorios para los interlocutores. No te prohíbo qué decir, sino que te digo que debes decir.

Citar este dialogo me parece valido, porque como seguidor y lector de Peterson, valoro su defensa incondicional de una libertad esencial en el ejercicio de la democracia, la libertad de ofender, incluso cuando el mismo ha sido una persona perseguida por los medios.

Recientemente en Salta, estamos experimentando una violenta afronta contra el ejercicio periodístico y la libertad de expresión de parte de nada mas y nada menos que el mismísimo poder legislativo de la provincia. No es la primera vez que bajo las banderas de la lucha feminista los políticos de turno buscan escudarse de las consecuencias de sus actos. El infame proyecto de ley que petardea los portones de la libertad de prensa cae llanamente en una mezcla entre lo patético y lo ridículo. Un licuado de inoperancia. Se busca, en un principio al menos, legislar en contra de la difusión de material íntimo sin consentimiento, pero con la propia vergüenza que deberían sentir los autores de este proyecto se trata de pasar discretamente el Art. 50 que escuetamente paso a copiar, y sí digo copiar a continuación, porque cabe aclarar que es así de vaga la escritura del mismo.

Artículo 50.- Será sancionado con arresto de hasta veinticinco (25) días o multa de hasta veinticinco (25) días el que creare o difundiere noticias falsas, sabiendo que lo son, dentro del espectro digital, con el fin de infundir pánico, desacreditar personas o autoridades oficiales o generar desórdenes o tumultos.

Con la actitud de tirar la piedra y esconder la mano, el infame articulo destaca por 2 cosas: Una, lo breve que se presenta y dos, lo poco claro que es, dejando a libre interpretación de un burócrata de turno que es lo que constituye una “noticia falsa” y por si no fuera poco, la verdad.

Entonces nos pone ante una pregunta ¿Esto se redacto de esta manera por mala intención o por simple incompetencia? Los diputados salteños no están descubriendo nada, las fake news han sido un tema sobre el cual ya se ha discutido largo y tendido en otras latitudes, la diferencia es que en esos lugares se ha hecho con más ganas de trabajar ya sea para el fin noble bajo el cual se enmascara nuestro caso o bien buscando silenciar opositores y críticos.

Es que existen lugares donde esto se hizo bien y otros donde se hizo mal, y la diferencia estriba en que cuando se ha tratado de actuar realmente en contra de la desinformación en internet, se ha tenido la cautela de aclarar que la libre expresión, las opiniones y el ejercicio periodístico no conforma parte de algo sobre lo cual se aplique la ley. Como los casos de Costa Rica, que incluso ha recibido cierto apoyo de varios sectores del periodismo, o el caso de Brasil que excluyó explícitamente a las empresas periodísticas y fue seguida de cerca por Bolsonaro. También están los casos donde tuvo que darse marcha atrás y agregar aclaraciones a las leyes, como en Colombia que fue catalogada como la “prohibición de hablar de mal de políticos” o en Nicaragua que se intentó copiar el caso de los pioneros en la censura, Venezuela, donde Hugo Chavez un totalitarista adelantado a su época sancionó esta ley allá por el 2005.

Lo cierto es que esta discusión ya se ha tenido en nuestro país cuando durante el 2020, cuando el NODIO (Observatorio de la Desinformación y la Violencia Simbólica en medios y plataformas digitales) fue creado, el organismo que pertenece a la Defensoría Publica debió aclarar ante las criticas que: “No existen intenciones de llevar adelante ni el control, ni la supervisión de la tarea de la prensa: son actividades incompatibles con las funciones de la Defensoría del Público.”

Aquí es donde quiero pararme para argumentar mi punto; es una tarea casi imposible sino directamente ajena a los asuntos del estado pretender regular “la verdad” sin caer en la censura. Como dijo Orwell “Quien controla el presente, controla el pasado, quien controla el pasado controla el futuro”. La vida en sociedad conlleva una necesidad orgánica de conciencia de un pasado colectivo, las sociedades que no caen en el totalitarismo se construyen en un ejercicio dialectico entre las opiniones y vistas variadas, es de esta manera en que se discute y se avanza en la conquista de derechos. Sin embargo, no es la primera vez ni será la ultima que un grupo de burócratas con fines políticos busquen decirnos que es la verdad. Este tipo de iniciativas tiene su origen en fechas tan lejanas como la Edad Media, cuando la Iglesia buscaba justificar su poder frente a las masas a través de la evangelización y la inquisición a partes iguales. La búsqueda de la verdad puede no siempre conllevar la búsqueda a su vez del poder, pero buscar silenciar la variedad de voces siempre es en realidad una búsqueda de poder.

 

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