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Agustina Álvarez, tapada por la ola del fracaso

El 2022 se fue, y en materia política podemos decir que este fue el año de las grandes oportunidades para algunos y de los grandes fracasos para otros, por supuesto que esto depende de la pericia que se requiere para estar pasado en el lugar exacto en el momento justo.

En algunos casos el momento los agarró de casualidad en el sitio exacto, y la buena fortuna se puso de su lado. Ahora viene la segunda etapa, la de mostrar la pericia necesaria para surfear la ola y llegar de pie a la playa.

En otros casos el momento justo los encontró en la vereda equivocada, pero con garrocha en mano saltaron la rápidamente calzada para caer parados con algunos tumbos en la vereda exacta.

Hasta acá todo es más o menos lo que se ve a diario en la política vernácula, donde los saltos de garrocha son moneda corriente.

Sin embargo hay otros casos que rozan lo disparatado, que son aquellos donde el momento justo los sorprende en el lugar exacto y rápidamente saltan hacia la vereda equivocada y en lugar de llegar a la playa son arrastrados por las olas de la precariedad y el desatino.

Este es el escenario de hoy: el Frente de Todos está en caída libre, Cristina condenada, el 79% de desaprobación a la gestión, una inflación que llegará al 100% y un dólar incontrolable. La tormenta perfecta para el FdT, esto sin contar que su mejor candidato ostenta el 69% de imagen negativa.

En la vereda del frente esta Cambiemos, con una crecimiento en l consideración pública, más por merito de sus adversarios que por méritos propios, pero esa es la realidad. Para cimentar un escenario aun más favorable, de los eventuales presidenciables, todos son del PRO, Macri, Rodríguez Larreta o Bullrich. No es menor formar parte del partido del presidente.

Mejor contexto no se consigue para las huestes del PRO, pero hasta en las mejores orquestas hay un violinista que desafina y arruina todo el movimiento.

Esto está sucediendo en Salta, donde el PRO se ha dividido en dos sectores claramente definidos, lo que surfean la ola del éxito y aquellos que por impericia son arrastrados hacia el fondo del mar.

En la última sesión del Concejo Deliberante esta fotografía se vio con absoluta brutalidad, fundamentalmente en la humanidad de la concejal Agustina Álvarez, novel dirigente que semana a semana hace gala de una singular inestabilidad.

A la joven edil, capaz que alguien le dijo que tenía que ser opositora, y se lo tomó a pecho, inclusive parándose a la izquierda del propio Partido Obrero, haciendo gala de un discurso liviano, de entre casa, con un nivel de populismo rozando el ridículo.

Álvarez en lugar de montarse a la ola y llegar victoriosa a la playa, optó por un salvavidas de plomo y se trepó entusiasta al tren del fracaso, por ignorancia o por tilinguería, pero en cualquiera de los casos es su absoluta responsabilidad.

Todo parece indicar que el PRO como expresión política quedará fuera del esquema que disputará el poder en la provincia, esto producto de aquellos que solo entienden a la política como un método para conseguir un cargo, y están lejos de comprender que la política se hace y se utiliza para construir espacios de poder transformadores y hasta revolucionarios si se quiere.

Relacionar la política con los cargos es de mediocres, es para aquellos que pretenden construir con discursos tan tilingos como posmodernos, o realmente creerse que sobre las espaldas de un concejal descansa la voluntad popular.
Salta necesitas dirigentes serios y con vocación de poder, la instrucción cívica del Billiken y las frases de sobrecitos de azúcar solo harán de Salta una provincia cada vez mas mendicante y periférica.

El PRO en Salta tuvo su oportunidad, pero la de debito pudo más.

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